domingo 11 de noviembre de 2007

Seguiste caminando y por fin me dijiste adiós.



Siguen las pérdidas... Y dijo Cyntia en la Tramontana: en este texto se aborda "la pérdida vista a través de los ojos de una niña".


Seguiste caminando y por fin me dijiste adiós.
Por: Lety Espinoza

Siempre era puntual por las mañanas de domingo para luego acompañarnos a comer. Se quejaba con él - Hay hombre, el séptimo día es para descansar- pero él, solo le devolvía la mirada y una sonrisa apurada. Así que mi abuelo, se sentaba para acompañarlo y observaba con tranquilidad lo que mi padre hacía... Nunca los escuché hablar mucho... Hasta que llegaba yo a romper el silencio con mis correteos y el clásico:
–Hola guelito, te traje naranjas

Comer naranjas juntos, era el pretexto ideal para reclamar su atención, y en un momento más, tenía a mi abuelo hecho trizas jugando a la pelota o sacándole punta con su filosa navaja a mis colores de madera. Al final él sabia que mi pequeña obra de arte era para él, por mi parte yo sabia que aquel dibujo lo colocaría en un sitio especial.

Me atrevo a pensar, que fui la nieta mas envidiada por mis primas, era la mas pequeña, (porque vaya que me ganaban con muchos años), así que con mi carisma infantil esperaba a mi abuelo cada domingo. Me emocionaba cuando a lo lejos lo veía con su andar ágil, sus ropas caqui, sin faltar su sombrero, a veces apoyado de una garrocha y seguido por dos o tres perros. Pero lo emocionante era verlo precisamente así cualquier tarde soleada, o nublada de la semana.

El abuelo era tan travieso, curioso, y todo lo que termine “en oso” como yo, quizá por eso nos divertíamos tanto... Lo extraño sucedió una tarde, alguien avisó a mis padres que no encontraban al abuelo, optimista pensé que tal vez había decidido caminar un poco, como solía hacerlo antes. Pues orgulloso me platicaba cuanto había caminado de joven pastoreando ovejas, a veces juntos veíamos las lomas y me repetía- allá, mija, todo eso que vez lo caminé yo-.

Los días pasaban, pero parecían iguales, la niebla, y la incipiente lluvia los convertía en idénticos, mi vida continuaba entre risas y muñecas, pero en el fondo deseaba tanto que la lluvia parara, porque quizá mi abuelo ya estaría muy empapado. Necesitaría entonces un baño caliente y un caldito de pollo, lastima que yo no supera cocinar.

¿Y la familia? era un desastre, en cada rincón había gente con caras largas, y a diario llagaban a preguntar si ya teníamos noticias del abuelo, no se cuantas búsquedas se organizaron. Aunque la desesperación nunca me invadió, en el fondo sabía que tarde o temprano lo encontrarían.

El día que lo encontraron yo lo esperaba ver, quizá algo enfermo, así que decidí ponerme un vestido rojo y blanco de cuadritos, mi favorito y mis zapatitos blancos, pensé que le daría gusto verme así de linda para el, como cuando me llevaba al circo, porque olvidaba decirles, a él como a mí le encantaban los payasos, las acrobacias de los trapecistas, los algodones, las palomitas, las luces y todo aquel espectáculo grandioso.

Legué a lo que fue a un espectáculo de lagrimas, no de risas y carcajadas, ya no pude verlo, su caja estaba sellada... sólo una lagrima o quizá dos derramé, no por el hecho de saber que el abuelo ya no estaba con nosotros, sino por la mentira de los adultos, el ya no podía verme, me tuvieron que cambiar de ropa, esa no era la más adecuada.

Creo que me la pasé consolando gente ese día, y sólo me preguntaba porque el abuelo no se despidió de mí, eso era lo que me ponía triste. Durante meses seguía preguntándome lo mismo. Alguna vez segura le dije a mi madre - todo el mundo se equivocó, el de la caja no era mi abuelo, ¡míralo allí viene!- le grité desesperada. Esa fue la ultima vez que creí verlo.

De niña recuerdo pocos sueños, sentía que dormía como una piedra, aunque dice mi mamá que dormida también reía, en fin... solo un sueño recuerdo, el mejor: éramos como de costumbre papá, el abuelo y yo, caminábamos en una loma, de pronto mi abuelo dijo -hasta aquí mija, váyase con su papá yo tengo que seguir solo- sonrió y me dijo adiós.

4 comentarios:

*alεida* dijo...

Letyyyyyyyy!

No manches, tengo un nudo en la garganta y las lágrumas a punto de salir...

Me hiciste acordarme de mi abuelo, de los paseos, de las pláticas... También era pequeña pero recuerdo mucho el día que murió... me parece estar escuchando a mi abuela gritando...

Esos abuelos, qué buena falta nos hacen ahorita... pero así es la vida y no hay más que seguir adelante...

Te quiero mucho!!

*aleida!*

Dalia dijo...

Hooolaaa!!

Bonita pic!! también para mí fue un placer conocerte, y bueno, el destino seguramente empatará nuestros caminos en el futuro...

saluditos!!! :)

Dragon dijo...

me gusta leerte, te imagino escribiendo, pensando, borrando y nuevamente, así, hasta que te satisface lo plasmado. aun que hace tiempo no pinceleas tu blog. sabes te admiro mucho.

hasta algún día......en algún tiempo.......por siempre.

Anónimo dijo...

Hola Lety, mani pues aquí leyendo tus textos, que padre el del abuelo. Todos los demás excelentes, ¡ya seabes que escribes super bien,saludos y cuidate mucho!