sábado, 13 de agosto de 2016
domingo, 26 de junio de 2016
"Mujeres del nopal; sacan fuerza de la adversidad".
LETICIA ESPINOZA
ZOCALO | SALTILLO
ZOCALO | SALTILLO
“No volveré, te lo juro por Dios que me mira, te lo digo, llorando de rabia. No volveré. No pararé, hasta ver que mi llanto ha formado, arroyo de olvido anegado, donde yo tu recuerdo ahogaré”, se escucha la voz de Toña, quien junto con hombres y mujeres de San Antonio del Jaral, en General Cepeda, han descubierto las bondades de una planta que, como ellos, puede llegar a resistir las condiciones adversas del desierto.
Sus raíces firmes poseen una capacidad sorprendente para absorber el agua que llegan a tener; sus cuerpos verdes, ovalados y espinosos son moldeados por el calor, y detrás de la capa áspera que los reviste, guardan la pulpa de la vida: se trata del nopal.
Por los huecos de un salón de block aún sin enjarrar y las ventanas sin telas mosquitera se escapan las voces y las risas de mujeres que combinan su juventud y experiencia para transformar las pencas del nopal en conservas.La vida de estas mujeres semeja a esta cactácea, uno de los pocos cultivos que se pueden adaptar a las difíciles condiciones de temporal del desierto coahuilense; mujeres y plantas soportan los fuertes calores, las lluvias, cansados trabajos, porque sus raíces se han enterrado en sus suelos.
De corazón fuerteAntonia tiene 63 años, nació en San Antonio del Jaral y el día que Dios lo decida ahí mismo piensa morir. Estudió hasta cuarto año de primaria porque en ese tiempo en el ejido no había escuela hasta sexto. Hace cinco años concluyó su educación primaria y después la secundaria, su desempeño la llevó en ser parte del equipo de personas que aplican los exámenes del INEA.
“Nosotros íbamos al rancho a traer nopales, a veces caminábamos kilómetros y kilómetros, caminábamos en la loma para comerlo guisado, ahora lo tenemos aquí”, dice, mientras observa por la ventana el invernadero.
A casi 40 grados centígrados dentro de las paredes blancas del invernadero, entre los surcos de tierra crecen filas y filas de nopal, se trata de una variedad distinta a la que existe en la región de Coahuila, le llaman Mikey Mouse, el nopal de orejas de ratón, porque la planta madre tiene esta forma y lo que crece sobre ella es lo que se corta.
Dos veces al mes cada quince días los hombres riegan el sembradío que nace a lo largo de mil 500 metros cuadrados, y aunque a veces el riego se complica porque se descompone la bomba del ejido y el agua no alcanza a subir, planean conseguir más recursos para construir una pila.
Y es que, cuando el riego no falla, y con temperaturas que ayudan a que el proceso de producción se acelere, en menos de un mes se generen pencas nuevas, listas para el consumo y transformación.
Cuenta Toña que cuando su padre falleció, ella se hizo cargo de su madre y de todo lo hacía él, sembrar, alimentar a las vacas, las gallinas y los marranos, y apenas le alcanza el tiempo para darle de comer a cuatro de los 13 nietos que cuida, para luego acudir al taller. ¿Esposo? no, no tiene, desde hace años.
“Pasaste a mi lado, con gran indiferencia. Tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí. Te vi sin que me vieras, te hablé sí que me oyeras y toda mi amargura se ahogó, dentro de mí”, canta Toña como lo hacía Pedro Infante, para luego contar en voz bajita los malos recuerdos del hombre al que también le dedica las canciones de Paquita la del Barrio.
“Yo sentí que no me daba mi lugar, mi lugar como esposa y como mujer, yo no tenía libertad ni de hablar, vivía siempre maltratada y siempre sobajada y después de 25 años, aguanté bastante, eso porque me separaba y me juntaba, sino no lo hubiera aguantado, hasta que dije ‘¡ya las niñas están grandes!’, y era por eso que estaba con él.“Al principio fue difícil enfrentar la situación, simplemente con mi mamá, que me decía: ‘¿qué vas a hacer?’, y fui trabajando en restaurantes, a lavar y planchar donde me ocuparan y trabajando para mis cuatro hijas, pero apoyada por mi papá. Yo a mi mamá le decía ‘mejor sola que mal acompañada’. Ahorita me siento, muy orgullosa y muy emocionada, ya nomás que caiga el cinco a la bolsa”.
Sobre una servilleta que ella misma bordó, porque dice que ella sabe todo lo que una mujer debe saber, invita a comer las gorditas de masa de maíz combinadas con la pulpa verde del nopal.Una vez a la semana el taller recibe a Toña y sus compañeras que se ocupan de cortar las pencas de nopal, limpiarlas y luego las escaldan para quitarles un poco la baba, las cocen y las envasan en frascos esterilizados a vapor.
Para Toña estar en el taller representa una emoción muy grande, se siente realizada y cuando va al cuarto de la cocina donde han colocado los hornos, se imagina haciendo pan, otro de los productos que esperan poner a la venta, pues este año el proyecto, en el que han puesto su energía hombres y mujeres de San Antonio del Jaral, debe despuntar.
Al ritmo de las rancheras que canta Toña, las mujeres introducen con paciencia los cuadritos de nopalitos en los frascos preparados en salmuera y escabeche, dicen que no debe quedar una sola burbujita de aire pues esto puede provocar que el producto se eche a perder.
Todas recibieron capacitación y lo mismo saben elaborar las conservas en escabeche que la mermelada, inclusive hace 15 días acudieron a otros ranchos a capacitar a más mujeres para que aprovechen las bondades del nopal.
EN LA VARIEDAD...
Las mujeres del ejido han aprendido a cocinar los nopalitos en diversas formas, más allá de los platillos tradicionales con huevo o chile rojo que se comen en el norte, ahora los asa, o los sirve en ensaladas con cebolla, cilantro y tomate.Sobre una mesa, las mujeres sirvieron un rico menú, gorditas de masa de maíz con pulpa de nopal, preparadas con distintos guisos, pencas asadas rellenas de queso, ensalada verde en un molcajete y nopalitos cristalizados.
“No se lo comen, dicen que no les gusta y ni lo han probado, pero cuando uno lo prueba se enamora y más con todas esas propiedades, contra la diabetes y el colesterol”, comentan.Alrededor de la mesa todas hacen su labor, algunas ocupadas en el envasado, y el empaquetado al alto vacío para mostrar lo que han aprendido.
De una de las casas del ejido traen la corriente de energía eléctrica, pues a pesar de que hace meses firmaron el contrato de luz, la Comisión Federal de Electricidad no la ha instalado, un hecho que lamentan porque con luz podrían avanzar más rápido, pues hasta el momento la limpieza del nopal y el corte los hacen a mano.
“Tenemos una peladora, una desorilladora y la picadora para que el nopal salga en tiritas, lo malo es que nos hace falta la luz, tenemos el horno para hacer pan y empanadas, toda clase de pan que lleve mermelada, pero aún nos falta equipar la cocina”, explica Antonia Sifuentes, la otra Toña.
Y es que pensando en darle un valor agregado al nopalito se solicitó a la Conaza la construcción del taller en 2014, es ahí donde estas mujeres intervienen en el proceso de transformación de la planta como socias.
“Lo tradicional aquí era maíz, frijol y sorgo, en verano; en invierno no sembramos. Fue un cambio con el nopal porque la sequía duró cinco años, no producimos nada de la agricultura, esto con o sin ventas, pues comemos. Antes ni comida ni ventas, hay comida gracias Dios, y ya estamos arrancando el taller, aquí los hombres y allá las mujeres como socias”, explica don Juan Manuel.
Juan Manuel Cárdenas Oropeza, coordinador del Proyecto de Nopal Verdura dice que la idea surgió por la necesidad de contar con un empleo en el ejido para beneficio de las familias que apenas sobrevivían de la ganadería y la agricultura a causa de la sequía.
En 2013 asesorados por el ingeniero Gilberto Rodríguez, solicitaron a la Comisión Nacional de Zonas Áridas (Conaza) recursos para el invernadero, la dependencia dio 75% y la comunidad 25% de inversión en trabajo.“Preparamos el terreno, luego se pusieron los macrotúneles, el plástico, plantamos el nopal y adicional a esto hicimos reforestación para pagar con mano de obra lo que nos correspondía de dinero”, recuerda Cárdenas Oropeza, que fungió como comisariado en una de las etapas más duras para el ejido.
“Nosotros se los regalamos para comer a las familias que viven aquí, no se los vendemos, se los regalamos. Se va 30% al autoconsumo, no le podemos negar la comida A nadie, cuando menos tenemos nopal para comer a quien lo necesite. El nopalito es muy bien vendido, porque es nutritivo y tienen sustancias medicinales, es un alimento económico y al alcance de todos los bolsillos”, dice Juan Manuel.
En San Antonio del Jaral, en General Cepeda, viven unas 120 familias, en total unos 600 habitantes, sin embargo, sólo un grupo de 20 personas como las Toñas y don Juan Manuel acordaron unirse al proyecto de nopal verdura para formar lo que ahora es una cooperativa.
Así, la sequía que azotó la Región Sureste hace cinco años hizo que los ejidatarios de San Antonio del Jaral, ubicado en el kilómetro 53 de la carretera libre a Torreón se convirtieran en productores de nopal verdura, este alimento fue su salvación y ahora mujeres como Antonia, que han quedado frente a sus tierras, sacan adelante la segunda etapa del proyecto transformando las pencas del nopal en conservas y productos que jamás pensaron hacer, y cada semana por las ventanas del salón se escucha el eco de una voz: “Cuando lejos te encuentres de mí, cuando quieras que esté yo contigo, no hallarás un recuerdo de mí, ni tendrás más amores conmigo. Te juro que no volveré, aunque me hagas pedazos la vida, si una vez con locura te amé hoy de mi alma estarás despedida”….
Sus raíces firmes poseen una capacidad sorprendente para absorber el agua que llegan a tener; sus cuerpos verdes, ovalados y espinosos son moldeados por el calor, y detrás de la capa áspera que los reviste, guardan la pulpa de la vida: se trata del nopal.
Por los huecos de un salón de block aún sin enjarrar y las ventanas sin telas mosquitera se escapan las voces y las risas de mujeres que combinan su juventud y experiencia para transformar las pencas del nopal en conservas.La vida de estas mujeres semeja a esta cactácea, uno de los pocos cultivos que se pueden adaptar a las difíciles condiciones de temporal del desierto coahuilense; mujeres y plantas soportan los fuertes calores, las lluvias, cansados trabajos, porque sus raíces se han enterrado en sus suelos.
De corazón fuerteAntonia tiene 63 años, nació en San Antonio del Jaral y el día que Dios lo decida ahí mismo piensa morir. Estudió hasta cuarto año de primaria porque en ese tiempo en el ejido no había escuela hasta sexto. Hace cinco años concluyó su educación primaria y después la secundaria, su desempeño la llevó en ser parte del equipo de personas que aplican los exámenes del INEA.
“Nosotros íbamos al rancho a traer nopales, a veces caminábamos kilómetros y kilómetros, caminábamos en la loma para comerlo guisado, ahora lo tenemos aquí”, dice, mientras observa por la ventana el invernadero.
A casi 40 grados centígrados dentro de las paredes blancas del invernadero, entre los surcos de tierra crecen filas y filas de nopal, se trata de una variedad distinta a la que existe en la región de Coahuila, le llaman Mikey Mouse, el nopal de orejas de ratón, porque la planta madre tiene esta forma y lo que crece sobre ella es lo que se corta.
Dos veces al mes cada quince días los hombres riegan el sembradío que nace a lo largo de mil 500 metros cuadrados, y aunque a veces el riego se complica porque se descompone la bomba del ejido y el agua no alcanza a subir, planean conseguir más recursos para construir una pila.
Y es que, cuando el riego no falla, y con temperaturas que ayudan a que el proceso de producción se acelere, en menos de un mes se generen pencas nuevas, listas para el consumo y transformación.
Cuenta Toña que cuando su padre falleció, ella se hizo cargo de su madre y de todo lo hacía él, sembrar, alimentar a las vacas, las gallinas y los marranos, y apenas le alcanza el tiempo para darle de comer a cuatro de los 13 nietos que cuida, para luego acudir al taller. ¿Esposo? no, no tiene, desde hace años.
“Pasaste a mi lado, con gran indiferencia. Tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí. Te vi sin que me vieras, te hablé sí que me oyeras y toda mi amargura se ahogó, dentro de mí”, canta Toña como lo hacía Pedro Infante, para luego contar en voz bajita los malos recuerdos del hombre al que también le dedica las canciones de Paquita la del Barrio.
“Yo sentí que no me daba mi lugar, mi lugar como esposa y como mujer, yo no tenía libertad ni de hablar, vivía siempre maltratada y siempre sobajada y después de 25 años, aguanté bastante, eso porque me separaba y me juntaba, sino no lo hubiera aguantado, hasta que dije ‘¡ya las niñas están grandes!’, y era por eso que estaba con él.“Al principio fue difícil enfrentar la situación, simplemente con mi mamá, que me decía: ‘¿qué vas a hacer?’, y fui trabajando en restaurantes, a lavar y planchar donde me ocuparan y trabajando para mis cuatro hijas, pero apoyada por mi papá. Yo a mi mamá le decía ‘mejor sola que mal acompañada’. Ahorita me siento, muy orgullosa y muy emocionada, ya nomás que caiga el cinco a la bolsa”.
Sobre una servilleta que ella misma bordó, porque dice que ella sabe todo lo que una mujer debe saber, invita a comer las gorditas de masa de maíz combinadas con la pulpa verde del nopal.Una vez a la semana el taller recibe a Toña y sus compañeras que se ocupan de cortar las pencas de nopal, limpiarlas y luego las escaldan para quitarles un poco la baba, las cocen y las envasan en frascos esterilizados a vapor.
Para Toña estar en el taller representa una emoción muy grande, se siente realizada y cuando va al cuarto de la cocina donde han colocado los hornos, se imagina haciendo pan, otro de los productos que esperan poner a la venta, pues este año el proyecto, en el que han puesto su energía hombres y mujeres de San Antonio del Jaral, debe despuntar.
Al ritmo de las rancheras que canta Toña, las mujeres introducen con paciencia los cuadritos de nopalitos en los frascos preparados en salmuera y escabeche, dicen que no debe quedar una sola burbujita de aire pues esto puede provocar que el producto se eche a perder.
Todas recibieron capacitación y lo mismo saben elaborar las conservas en escabeche que la mermelada, inclusive hace 15 días acudieron a otros ranchos a capacitar a más mujeres para que aprovechen las bondades del nopal.
EN LA VARIEDAD...
Las mujeres del ejido han aprendido a cocinar los nopalitos en diversas formas, más allá de los platillos tradicionales con huevo o chile rojo que se comen en el norte, ahora los asa, o los sirve en ensaladas con cebolla, cilantro y tomate.Sobre una mesa, las mujeres sirvieron un rico menú, gorditas de masa de maíz con pulpa de nopal, preparadas con distintos guisos, pencas asadas rellenas de queso, ensalada verde en un molcajete y nopalitos cristalizados.
“No se lo comen, dicen que no les gusta y ni lo han probado, pero cuando uno lo prueba se enamora y más con todas esas propiedades, contra la diabetes y el colesterol”, comentan.Alrededor de la mesa todas hacen su labor, algunas ocupadas en el envasado, y el empaquetado al alto vacío para mostrar lo que han aprendido.
De una de las casas del ejido traen la corriente de energía eléctrica, pues a pesar de que hace meses firmaron el contrato de luz, la Comisión Federal de Electricidad no la ha instalado, un hecho que lamentan porque con luz podrían avanzar más rápido, pues hasta el momento la limpieza del nopal y el corte los hacen a mano.
“Tenemos una peladora, una desorilladora y la picadora para que el nopal salga en tiritas, lo malo es que nos hace falta la luz, tenemos el horno para hacer pan y empanadas, toda clase de pan que lleve mermelada, pero aún nos falta equipar la cocina”, explica Antonia Sifuentes, la otra Toña.
Y es que pensando en darle un valor agregado al nopalito se solicitó a la Conaza la construcción del taller en 2014, es ahí donde estas mujeres intervienen en el proceso de transformación de la planta como socias.
“Lo tradicional aquí era maíz, frijol y sorgo, en verano; en invierno no sembramos. Fue un cambio con el nopal porque la sequía duró cinco años, no producimos nada de la agricultura, esto con o sin ventas, pues comemos. Antes ni comida ni ventas, hay comida gracias Dios, y ya estamos arrancando el taller, aquí los hombres y allá las mujeres como socias”, explica don Juan Manuel.
Juan Manuel Cárdenas Oropeza, coordinador del Proyecto de Nopal Verdura dice que la idea surgió por la necesidad de contar con un empleo en el ejido para beneficio de las familias que apenas sobrevivían de la ganadería y la agricultura a causa de la sequía.
En 2013 asesorados por el ingeniero Gilberto Rodríguez, solicitaron a la Comisión Nacional de Zonas Áridas (Conaza) recursos para el invernadero, la dependencia dio 75% y la comunidad 25% de inversión en trabajo.“Preparamos el terreno, luego se pusieron los macrotúneles, el plástico, plantamos el nopal y adicional a esto hicimos reforestación para pagar con mano de obra lo que nos correspondía de dinero”, recuerda Cárdenas Oropeza, que fungió como comisariado en una de las etapas más duras para el ejido.
“Nosotros se los regalamos para comer a las familias que viven aquí, no se los vendemos, se los regalamos. Se va 30% al autoconsumo, no le podemos negar la comida A nadie, cuando menos tenemos nopal para comer a quien lo necesite. El nopalito es muy bien vendido, porque es nutritivo y tienen sustancias medicinales, es un alimento económico y al alcance de todos los bolsillos”, dice Juan Manuel.
En San Antonio del Jaral, en General Cepeda, viven unas 120 familias, en total unos 600 habitantes, sin embargo, sólo un grupo de 20 personas como las Toñas y don Juan Manuel acordaron unirse al proyecto de nopal verdura para formar lo que ahora es una cooperativa.
Así, la sequía que azotó la Región Sureste hace cinco años hizo que los ejidatarios de San Antonio del Jaral, ubicado en el kilómetro 53 de la carretera libre a Torreón se convirtieran en productores de nopal verdura, este alimento fue su salvación y ahora mujeres como Antonia, que han quedado frente a sus tierras, sacan adelante la segunda etapa del proyecto transformando las pencas del nopal en conservas y productos que jamás pensaron hacer, y cada semana por las ventanas del salón se escucha el eco de una voz: “Cuando lejos te encuentres de mí, cuando quieras que esté yo contigo, no hallarás un recuerdo de mí, ni tendrás más amores conmigo. Te juro que no volveré, aunque me hagas pedazos la vida, si una vez con locura te amé hoy de mi alma estarás despedida”….
domingo, 19 de junio de 2016
PAPÁ NOS HACES FALTA...
FAMILIA INCOMPLETA... PADRE DESAPARECIDO
LETICIA ESPINOZA
Zócalo | Saltillo
Alto, moreno, robusto, ojos rasgados, labios gruesos, bigote, y una una cicatriz en la comisura derecha producto de una caída que se hizo cuando era pequeño, así recuerda Juanita a su esposo José Juan Peña Espiricueta.
En diciembre cumplirá veinte años de casada con el hombre que desde hace cinco años se encuentra ausente, se enamoró de él porque veía cómo cuidaba a su madre cuando enfermaba, siempre fue así, lo que más le importaba era su familia.
Era un hombre de rutinas, trabajaba como supervisor en una empresa cercana a su domicilio, iba de seis de la mañana a dos de la tarde, otras veces de dos a nueve de la noche, y no tardaba más de cinco minutos en llegar a su casa:
“Exageraba yo si eran las dos quince y no llegaba, y le preguntaba ¿por qué hasta ahorita?, llegaba, comía, le gustaba la carne dorada con aguacate, el huevo con chile y los frijolitos con las de harina, las tortas de jamón… Luego se dormía, se levantaba y jugaban él y el niño, después a descansar para ir al otro día al trabajo”, dice mientras en su rostro triste se dibuja la única sonrisa que le pude ver a Juanita, Juana María Castillo Gallegos.
El día de la desaparición de José Juan, habían ido misa por la mañana, decidieron no salir porque en la tarde irían a un rosario. Ese día hubo un pleito en su colonia, la Nazario Ortiz Garza, uno de los hermanos de Juanita llegó corriendo para refugiarse en su casa, lo venían persiguiendo varios hombres armados en una camioneta. No hubo despedidas, solo desconcierto e impotencia.
“Cuando salió mi esposo dijeron que él era al que andaban buscando y se lo llevaron, lo metieron a una camioneta y se lo llevaron, después de media hora también me di cuenta que se habían llevado a otro de mis hermanos Jesús Fernando, no al que andaban siguiendo, a él se lo llevaron de casa de mi mamá, primero lo detuvieron policías y los policías se lo dieron a esas personas, por la noche nos dimos cuenta que había una tercera persona desaparecida”, relata.
Ese día de marzo del 2012 dos familias se quedaron sin padres, como sucede en el 80 por ciento de los casos que buscan en el colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros desaparecidos en Coahuila, padres que dejaron huérfanos a uno, dos o hasta tres hijos.
A raíz de la ausencia de José Juan, Zulema, la mayor, se encerró en su propio mundo, empezó a tener problemas en segundo de secundaria y hace poco decidió irse de la casa. A Juan en la escuela los niños lo agredían, le decían que su papá estaba muerto y otros que se había vuelto “malo”.
“Cuando mi niña sale de la escuela y ve que van por sus amigas sus papás, dice que le gustaría que su papá volviera, yo le digo que la vida sigue, que sí va regresar, que no hay más que esperar, que le eche ganas a la escuela, cuando a él se lo llevaron ella estaba en tercero de kinder, fue muy triste su graduación, porque estaba muy reciente todo, de marzo a julio, fue muy pesado porque veíamos a todas las familias completas sacándose la foto chiqueando a sus hijos, es un hueco muy grande”.
“Mi hija la chiquita cumple años el mismo día que él y ella siempre dice -cumplí 9 años, mi papá tiene 39, cumplí 10 años mí papá tiene 40-este año va cumplir 11 años y dice -mi papá va cumplir 41-. Siempre lleva la cuenta de su años y los de él”, recuerda Juanita.
Ana, la pequeña que ha crecido añorando los brazos de su padre, cada 19 de julio le dice a Juanita que compre dos pasteles, uno para ella y otro para su papá, no vaya ser que vuelva y no tenga uno para él.
“Yo le digo -es un pastel para tu cumpleaños y el de tu papá- y dice que porque a lo mejor si en su cumpleaños viene su papá y el va querer su pastel- entonces le digo que si llega vamos a ir inmediatamente a comprarle uno”.
Ana pasará a sexto grado, Juan va a tercero de secundaria, y Zulema ya terminó la preparatoria, son cinco años de ausencias y espera:
“Regresa, te seguimos esperando, hemos tenido muchos eventos en los que tú no estás, mis hijos están creciendo y no estás aquí para verlos, quisiera que estuvieras aquí conmigo para que los vieras crecer, para que los motivaras a seguir adelante, en estas fechas y en tus cumpleaños te extrañamos más”, pronuncia Juanita, por si acaso José Juan estuviera leyendo estas líneas.
Porque se acerca el día del padre y ella ha tenido que salir de casa para ser el sustento que un dia fue él, José Juan, con sus idas y sus vueltas a la empresa que tras meses de su desaparición lo liquidó, y ya no hubo quien la ayudara, ni siquiera su suegro porque luego de un año murió.
“Recién se llevaron a mi esposo tuvimos apoyo de mi suegro, de la familia, amigos, de la empresa a pesar de que desapareció me estuvieron dando su salario de marzo a septiembre, dijeron que ya no podían hacer más, lo dieron de baja y firmé en nombre de mi esposo, empecé a trabajar, yo estaba las 24 horas del día en casa, fue un cambio muy difícil, fue dejar a mis hijos solos, encargarlos con su abuela, con su tía, con su otra tía, dejarlos solos, porque su papá no estaba y yo tenía que trabajar”.
Ya no hay tiempo para comprar un pastel, ir por los regalos de José Juan, no se los pueden dar, y en su casa desde hace cinco años no se escuchan las mañanitas el tercer domingo de junio: el día del padre.
“Recordarlo en días especiales, en el día del padre es cuando más los sentimos, es muy pesado ver familias completas que tienen a sus papás, toda la familia unida y que a nosotros el nos hace falta”.
domingo, 24 de abril de 2016
jueves, 24 de marzo de 2016
EL PAPA VA ENCONTRAR UN JUAREZ LLENO DE DOLOR
EL PAPA VA ENCONTRAR UN JUAREZ LLENO DE DOLOR
LETICIA ESPINOZA
Ciudad de Juárez
En Juárez el Papa Francisco va encontrar una ciudad llena de
dolor, gente que sigue reclamando justicia y una iglesia a la que le ha faltado
asumir un rol profético para acompañar a las víctimas, señala el sacerdote y
defensor Oscar Enríquez
“El papa va encontrar una ciudad llena de dolor, muy
adolorida tanto por lo que pasó desde 1993 al 2010, madres reclamando justicia
por sus hijas, luego porque se convirtió en la ciudad más violenta del mundo
porque del 2008 al 2012 hay más 14 mil huérfanos debido a las ejecuciones, y un
desplazamiento de 200 mil gentes”, dice el sacerdote.
Expresa que todo esto hace de Juárez una ciudad adolorida y
olvidada, la mayoría en situación de pobreza, debido a la industrias
maquiladoras donde los trabajadores llegan a ganar 750 pesos convirtiéndose en
la esclavitud moderna.
Desde el punto de vista de Enriquez, quien dirige el Centro de Derechos Humanos
Paso del Norte, el papa Francisco va encontrar una iglesia diocesana joven con
bastante trabajo evangelizador pero alejada del pueblo, porque en todos estos
años de violencia no asumieron un rol más profético pese a que sufrieron
agresiones tanto del ejército como de la policía federal.
“En la etapa de 2010 a al 2012 hay una a ausencia no fuimos
capaces de dar un voz en medio de la tragedia ni las denuncias adecuadas”,
afirma el sacerdote.
El sacerdote y defensor fundó el centro de derechos humanos
desde el 2001 a raíz de la época de feminicidios, luego en 2011 amplificaron su
nivel de acción debido a los casos de tortura por parte de elementos policiacos
a la población y a las desapariciones forzadas.
De ahí que la confrontación entre esta parte de la iglesia que denuncia
haya sido víctima de allanamientos y hostigamiento, sin embargo, la llegada del
papa Francisco los llena de esperanza:
“La presencia y discurso del padre Francisco, y sus llamados
van totalmente en el tema de los movimientos sociales y el papa pide que luchemos
por un cambio social y nos preocupemos por la casa común, sus palabras son luz
y esperamos un mensaje fuerte” dice.
“Francisco no va cambiar las cosas, trae un llamado desde el
evangelio a una participación más fuerte, la participación y la incidencia es
responsabilidad del pueblo, no esperamos ningún milagro ni que cambien las
cosas pero ojala que su mensaje llegue al corazón de la clase política que es
parte del problema y de la iglesia”, puntualiza.
Peregrinos y olvidados por la mano de Dios en Juárez
ARRIBAN PEREGRINOS
PARA VER AL PAPA
Los recibe gente
esperanzada que se pensaba olvidada por la mano de Dios
LETICIA ESPINOZA
Ciudad Juárez
Las calles de ciudad Juárez poco a poco se llenaron de
peregrinos para ser parte de la visita del Papa Francisco, las primera en
arribar fueron mujeres mexicanas que migraron a los EUA y algún día fueron
indocumentadas y víctimas de trabajo forzado.
Tomando como bandera el rostro de la virgen de Guadalupe y
de mujeres la “Peregrinación fronteriza para la dignidad migrante 100 millas
100 Mujeres fue recibida en la Catedral de Ciudad Juárez.
La caravana nación York Penssinvalia, en su primer recorrido
llegaron a Washinton hace cuatro meses pero al saber que el Papa Francisco
llegaría a la Frontera Mexicana decidieron ponerse los tenis y seguir su
peregrinaje para encontrarse con él
“Yo nací en la ciudad de México pero caminé por el desierto
y después la gente que me guiaba se subió al tren y no se puedo subir, caminé por
muchos días y en un pueblo llamado Sarita en Texas , una familia me secuestró”,
relata Araceli Herrera.
Dice que fue víctima de trabajos forzados, la obligaban a
realizar el trabajo doméstico sin ningún pago hasta que un día pudo escapar.
“Una vez que ellos tomaron mucho y por la noche el esposo
tocó la ventana, yo desperté a su niña porque me dormía con ella, porque pensé
que me quería violar, dijo que iríamos a comprar cerveza pero al regresar iba
pasando la migra, y su esposa empezó a gritar -te fuiste a revolcar con la
mojada le voy hablar a la migra- y me
escapé” cuenta.
Araceli dice que pidió raid y así llegó a San Antonio, donde
se dedicó a limpiar casas, ahí no dejó de pasar sufrimientos: comía sobras, lo
amos la manoseaban, le pagaban mal por eso ahora se ha dedicado a defender los
derechos de trabajadoras domésticas.
“Cuando escucho a mis hermanas recuerdo mi dolor por eso
decidió unirme a la caravana por el mensaje del Papa Francisco, porque él ha
dicho como el migrante ha sido desechado de un país donde hay dinero, porque
también debe tener leyes que lo protejan y que tenga un buen salario” dice
Araceli quien obtuvo su residencia al casarse con un americano, de lo contario
continuaría como inmigrante, sin derechos, sin poder pisar la tierra y la
familia que la vio nacer.
Las decenas de mujeres peregrinas llegaron una ciudad
ataviada de anuncios en las principales avenidas, sobre todo la Avenida Juárez
que da al Puente internacional, donde los restaurantes bares acallaron la
música hacia las cuatro de la tarde debido a que el gobierno municipal declaró
Ley seca para evitar percances en la visita papal.
Al papa lo esperan miles de juarenses con esperanza, personas
que fueron desplazadas por la violencia hacia el Paso Texas, así como los
residentes que han soportado la violencia de los últimos años.
“Para nosotros es lago histórico que haya acodado de
nosotros, aquí todavía sigue habiendo muertitos
pero yo pienso que el nos va traer bendiciones” dice Gloria Herrera
quien radica en el Paso y aprovechó para tomarse una foto con la imagen del Papa
que el gobierno instaló en el centro.
La esperanza de ver al Papa Francisco es de mucha gente
quien plantea acercarse a las avenidas por donde pasará y olvidar el trauma que
les ha dejado la sangre derramada, porque a Juárez hoy la gente solo llega incluso
por morbo a conocer dónde tiraban a las mujeres.
“Un día record fueron 41 ejecutados, yo vi 3 eventos y nada
que ver con las películas, es un trauma, luego la gente que viene a Juárez esta
como en Londres donde Jack el destripador tiraba a sus víctimas, pero ahora es
diferente la gente viene a ver a Francisco y él nos viene a traer pura
bendición a esta tierra olvidada por Dios” dice José Ángel Martínez mientras
maneja su taxi por las calles que hoy se llenarán de miles de católicos.
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